Para seguir profundizando en el concepto de temperamento, y de como este nos ayuda a determinar nuestra realidad y punto de partida a la hora de realizar cambios, vamos a remontarnos a los orígenes de dicho concepto, en  los tiempos de la escuela de pensamiento Hermética de Alejandría allá por el siglo V a.c.

En aquellos tiempos, las ciencias estaban fundamentadas en unos paradigmas diferentes a los actuales, e integrados en una cosmovisión en la cual se consideraba que el universo estaba compuesto por una energía primordial, a la que llamaban “Mummiya” o “Ruh” y más tarde “Spiritus Mundi”, de la cual parte todo lo que existe.

 Según dicha cosmovisión, al comenzar la expansión del universo (fenómeno al que denominamos “El Big Bang”), el Spiritus Mundi al encontrarse con las limitaciones de las leyes constitutivas del propio universo, se dividió en dos energías polares, una femenina y disuelta y otra masculina y coagulada. 

La división de la energía primordial en estos dos polos originó un movimiento rítmico, simple y regular de la energía entre los estados más coagulados, densos y definidos y los más disueltos, sutiles y abstractos, al que los antiguos llamaban dinámica “Solve et Coagula” (disuelve y coagula). Es decir, todo lo que existe en este universo, ya sea vivo o inerte, está siempre moviéndose entre estos dos extremos de coagulación y disolución, en un baile eterno y continuo.

Al estadio en el que se encuentra un elemento dentro del vector Solve et Coagula, en un momento concreto, lo denominaron estado Salino y determina el nivel de coagulación o disolución de ese elemento en un momento temporal concreto de su evolución. 

Un ejemplo de esta dinámica es el ciclo de la vida y la muerte. Desde su nacimiento y hasta su punto de máxima maduración o plenitud, los seres vivos se mueven hacia su estadio de máximo orden, concreción y complejidad (coagulación). Pero una vez alcanzado este punto de máxima coagulación, comienzan el retorno hacia la disolución, cruzando el umbral de lo muerto para seguir descomponiéndose, desordenandose, en estructuras cada vez más simples y disueltas que servirán de materia prima para la vida venidera.

Esta dinámica polar es similar a lo que Ilya Prigogine, premio nobel de química en 1977, expuso en la formulación de la Segunda Ley de la Termodinámica, en la que define a la Entropía como una medida del nivel de desorden de los componentes de un sistema, y que sostiene, que el universo, como sistema aislado, tiende a la máxima entropía y por lo tanto al máximo desorden. Por el contrario, los seres vivos, durante nuestro desarrollo, tendemos a la mínima entropía, y por lo tanto al orden.

En conclusión de lo expuesto, Prigiogine explicaba: “la producción de entropía contiene siempre dos elementos dialécticos: un elemento creador de desorden, pero también un elemento creador de orden. Y los dos están siempre ligados»

Según los pensadores Herméticos, en una segunda división de la energía primordial, los extremos Solve y Coagula, se volvieron a dividir a su vez nuevamente en función de sus propiedades Solve y Coagula, dando lugar a cuatro elementos primordiales. 

A estos cuatro elementos los llamaron AGUA, TIERRA, AIRE  y FUEGO. Dando un paso más, los filósofos Herméticos, volvieron a dividir en tres cada elemento, según si la energía de este era más cardinal (de inicio o coagulación), fija (de mantener o cristalizar) o mutable (de cambio o disolución). De la subdivisión en tres de los cuatro elementos salen los 12 arquetipos zodiacales(figura 3). Que constituyen 6 polaridades arquetípicas de campos de experiencias.

 

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Como comenté anteriormente, la astrología es una ciencia que utiliza un lenguaje simbólico, dentro del cual no hay una relación lineal causa-efecto, sino una sincronicidad de eventos en un momento concreto, lo cual implica que hay una interdependencia entre todo lo que compone el universo, y que los mismos procesos o eventos pueden estar ocurriendo a la vez en diferentes planos. Este hecho se puede resumir en la frase “como es arriba es abajo”, una de los pilares base de la filosofía hermética y por la tanto de la Astrología. 

Sabiendo la posición de los planetas con respecto a la tierra, es decir, en que signo se encuentran, en un momento concreto del espacio-tiempo se puede determinar las proporciones presentes de cada uno de los 4 elementos en ese momento concreto y por analogía, las proporciones de estos elementos en una persona va a encarnar al nacer en ese mismo instante.

 Las repercusiones y profundidad de lo expuesto son bastante más complejas, pero el entrar en detalles nos desviaría demasiado del foco de este trabajo.

El término Temperamento proviene del latín Temperamentum y se traduce como “medida”.

Fue Hipócrates, Famoso médico Griego del siglo v a.c., el que definió por primera vez, de la que haya registro, a 4 diferentes grupos de personas en función del elemento predominante en la carta natal del individuo.

En el siguiente cuadro se muestran diferentes clasificaciones realizadas por científicos a lo largo de la historia para determinar tipos de temperamentos nativos en función de la predominancia de un elemento.

 

Como hemos dicho antes, a través de la determinación astronómica de las posiciones de los planetas en un momento concreto, vamos a poder calcular cuales son las proporciones de los 4 elementos en ese instante. Si extrapolamos la “carta astral”, posiciones de los planetas en el cielo, para el momento de nacimiento de una persona, con la forma en que esta energía cósmica se coagula como ser humano, podremos determinar los temperamentos predominantes en esa persona.

De esta forma, los antiguos estudiosos del ser humano, determinaban si una persona era más femenina o masculina en determinados aspectos de su vida, dándoles a estas energías  los atributos psíquicos que se exponen en la siguiente figura.

En un siguiente paso, determinaban el temperamento innato de la persona, que dota a cada ser de sutiles diferencias tanto en su constitución física como en su forma de ser.

 

Según lo expuesto, y siguiendo la cosmovisión en la que se fundamenta la astrología arquetípica, podemos usar esta antigua ciencia de autoconocimiento como un método bastante efectivo para determinar el temperamento nativo de la persona, lo cual nos brinda información a priori, de cómo es la persona, es decir, de su base emocional y psíquica, de su forma de interpretar la información y relacionarse.