Uno de los axiomas del pensamiento Hermético es que lo sutil influye sobre lo grosero. De esta forma los patrones de información, invisibles a la mente humana, son los que van a determinar la coagulación de la materia, como la información oculta dentro de una semilla va a determinar el tipo de planta que se va a formar, qué frutos va a dar y cuando darlos.

Por otro lado, la PNL estructura la forma en que procesamos el aprendizaje, el cambio, la comunicación y, en definitiva, la forma en que interactuamos con el mundo, en los diferentes Niveles Neurológicos como el entorno, el comportamiento, la capacidad, las creencias, los valores y la identidad.

Dentro de los Niveles Neurológicos existe una clasificación también de mayor a menor capacidad de influencia de unos niveles sobre otros. De forma que cambios en nuestro comportamiento van a tener poca influencia sobre nuestras creencias, valores o identificación, mientras que cambios en estos últimos van a afectar enormemente en nuestras capacidades y comportamiento.

En este sentido, PNL y Hermetismo coinciden en el camino a seguir, si queremos llevar a cabo cambios en nuestras vidas. Identificar nuestras creencias, valores y arquetipos con los que nuestro yo se identifica, es el primer paso a dar en el camino del cambio y la Astrología nos puede ser de gran ayuda a la hora de identificarlos.

Cada planeta y signo zodiacal nos está hablando de distintos tipos de conceptos psíquicos como el deseo, la empatía, la autoridad, etc. Conceptos que también tienen su representación arquetípica en el inconsciente colectivo, los cuales nos pueden estar influyendo, sin que nos demos cuenta, a la hora de experimentar dichos conceptos psíquicos. 

Por otro lado, los llamados planetas transpersonales, Júpiter y Saturno, junto a la Luna, forman una triada en la que podemos ver reflejados los arquetipos inconscientes de valores, creencias e identidad emocional.

          

                                                                                               

                                                                                

Aunque es al Sol, como estrella centro del sistema solar, al que se le atribuye la esencia de la persona o se le puede vincular más con el “yo”, de forma que esa esencia solar va a marcar todos los aspectos de la persona, es en mi opinión la Luna la que tiene un connotación más interesante de estudiar dentro del proceso del coaching por su mecanismo psíquico de protección y nutrición emocional, así como por ser la representación simbólica del arquetipo de “La Madre”.

 Esta construcción arquetípica, a la que llamamos “Madre”, va a marcar profundamente nuestros primeros años de vida, por lo que nos va a influir notoriamente, cuando nos convirtamos en adultos, en nuestra forma de  relacionarnos con ese aspecto femenino de la vida, de dar y recibir seguridad y contención emocional, e incluso en la proyección de este arquetipo en las mujeres con las que nos relacionemos más profundamente.

En la astrología medieval, Saturno fue visto como el “gran maléfico”, ya que representaba las limitaciones con las que nos encontramos en la vida o los aspectos de la vida que requerían un esfuerzo por nuestra parte. Es decir, la cualidad de Saturno de hacernos ver la cruda realidad tal y como es, donde el ser humano ocupa un pequeño papel en comparación con la totalidad del universo, nos puede crear un complejo de inferioridad o impotencia, una limitación para vivir nuestros sueños.

Pero esa misma cualidad de la energía a la que llamamos Saturno, es la que permite la aparición de la forma, definida por las limitaciones que imponen las leyes naturales, y además, su mantenimiento en el tiempo. En este sentido Saturno nos habla de la cualidad energética que nos hace comprender que los trabajos bien hechos requieren de tiempo y perseverancia, y de que para que el mecanismo Lunar pueda cuidar y nutrir al ser en gestación, y que este tenga tiempo de desarrollarse, necesita de una energía Saturnina que le de estructura y sostén en el tiempo, de la misma forma que para crear un hogar hace falta de la estructura de una casa. Por esto a Saturno se le asocian cualidades relacionadas con el arquetipo paterno.

En este par Luna-Saturno encontramos representado el arquetipo vincular de la unión Hombre-Mujer, a nivel familiar, y de todos los patrones de comportamiento que esta relación conlleva. Es este, quizás, el arquetipo vincular que más nos marque y que con mayor frecuencia proyectemos en otros y otras, como partes de nuestras sombras inaceptadas.

Debido a la importancia para el ser humano como especie de la relación entre lo masculino y lo femenino, por su papel en la reproducción, continuación de la especie y complementariedad polar, en las sociedades de todas las épocas ha habido arquetipos bastante definidos sobre cómo ha de ser la Mujer, el Hombre y la relación entre ambos. Estos arquetipos alojados en el inconsciente colectivo están construidos, a veces, por la memoria colectiva de las experiencias vividas, y en mayor medida por las creencias o conveniencias del momento.

La realidad es que no siempre esos arquetipos colectivos coinciden con las formas de ser individuales de las mujeres y hombres, por lo que, con más frecuencia de lo deseado, a veces nos tenemos que adaptar a los moldes arquetípicos establecidos por miedo al rechazo social o al juicio propio o de otros. Esto origina que vayamos rechazando partes de nuestra forma de ser y las vayamos escondiendo en una parte de nuestro inconsciente a la cuál en psicología analítica se la llama “sombra”.

Las “Sombras”, escondidas en partes de nuestra psique que nos incomoda mirar, son las principales promotoras de las proyecciones psíquicas .Para la psicología analítica, de Carl Gustav Jung, la proyección consiste en una atribución de arquetipos alojados en la propia psique a personas o a objetos fuera del yo. La proyección de la sombra —es decir, de aquella parte del psiquismo constituida por características, deseos, experiencias reprimidas, en conflicto con las normas sociales o que le causan vergüenza a quien las proyecta— sobre otras personas, tiene como finalidad el distanciarse de ella, para impedir la identificación con algo que juzgamos como negativo.

Las proyecciones psíquicas de las Sombras, relacionadas con cualidades arquetípicas de la madre y el padre, son origen de la gran mayoría de conflictos en las relaciones de pareja. Esto nos da una idea de cómo estas creencias y valores arquetípicos del inconsciente colectivo nos pueden afectar a la hora de comportarnos o poder expresar nuestras capacidades.

El estudio de esta relación Saturno-Luna también nos puede ayudar a comprender mejor a nuestro niño herido, nuestro concepto de hombre y mujer, de que es el amor, el respeto y mucho más.

                                               

“La Astrología consiste en configuraciones simbólicas del inconsciente colectivo,

que es el tópico principal de la psicología”.           

                                                                                                                                                        C.C.Jung

                                                                   

Cuando en la antigua Alejandría, los pensadores Herméticos definieron las energías representadas en los planetas buscaban conceptos extrapolables a todos los ámbitos del universo y no solo a nivel de nuestro psiquismo. De esta forma a Júpiter se le puede ver como una representación de la energía de expansión. Energía, que puede ser reconocida tanto en una planta como en un sistema solar, tanto en un metal como en un ser humano.

Ahora bien, a nivel psíquico, la energía que representa Júpiter puede ser entendida como el sentido de la vida, la fé en que los sueños se pueden hacer realidad, en que todo tiene un propósito más allá de nuestra comprensión. Esta fé, imprescindible para el elemento fuego y la conexión con la intuición, nos puede llevar al fanatismo, a la defensa extrema de nuestros ideales o a la no consideración de nuestras limitaciones mundanas.

Es por esto que el arquetipo de Júpiter, y el concepto de “sentido de la vida” que tengamos, va a ser otros de los pilares en los cuales se apoyan nuestros comportamientos y capacidades.

Fácilmente se puede hacer la asociación de que Júpiter y Saturno pueden constituir una polaridad en la que Júpiter pone la chispa expansiva y Saturno la forma a través del límite. Todo acto de crecimiento y desarrollo parece estar condicionado por un baile entre estas dos polaridades, dependientes y complementarias la una de la otra.

Si Júpiter, representa el Arquetipo del “Maestro”, el “Filósofo” o el “Guia”, en definitiva, el que es capaz de trascender ideas y conceptos para encontrar el verdadero sentido de la vida y la muerte para comunicarles a los demás. 

En una comunidad o pueblo, Saturno nos estaría hablando de la forma de vivir practica según la experiencia de dicho pueblo. Es decir, cada pueblo, a lo largo de su historia, ha ido experimentando diferentes formas de vivir en su día a día buscando la mejor manera de adaptarse a su medio ambiente, y por lo tanto, la mejor manera para que su pueblo perdure con éxito en el tiempo. Esta búsqueda de la supervivencia, ha llevado a que cada cultura haya desarrollado ciertas creencias arquetípicas, instauradas en su inconsciente colectivo, que condicionan notablemente a cualquier hombre o mujer que nazca dentro de este colectivo, con una cierta memoria inconsciente de cual es la manera en la que hay que vivir en el dia a dia (como obtener comida, como hacer las casas, como es la organización familiar, etc). Por ello Saturno contiene las características representadas por los ancianos del clan que cuentan sus historias ancestrales y que son considerados como “sabios” por ser viejos, es decir, por experiencia acumulada y capacidad de juicio.

Haciendo referencia a todo lo expuesto, Saturno podría representar nuestras creencias, en cuanto a cómo estructuramos nuestra forma de vida, a las leyes y reglamentos que creamos bajo la creencia de mientras que éstas nos ayudan a vivir de una forma más realista y práctica. Mientras que Júpiter representaría nuestros valores, nuestra cosmovisión más allá de lo material.

Marte, Venus y Mercurio representan en este sentido nuestra forma de actuar directa y más personal o individual y estarían notablemente influidos por los anteriores.

La pareja Marte-Venus nos habla también de aspectos masculinos y femeninos pero a un nivel más directo y expresado en la acción misma, en la atracción física y energética entre estos polos, y en las cualidades básicas que diferencian a lo masculino de lo femenino. Por esto representan más al deseo, la atracción, la seducción y la complementación entre esta polaridad masculino-femenina que lleva a su máxima complementación energética a través del acto sexual. A este nivel energético, Marte-Venus, las cualidades masculinas y femeninas no se expresan al nivel arquetípico del padre y la madre como figuras de importancia en la estructura social como lo hacen Saturno y la Luna.

Como analogía se podría ver al par Venus-Marte como a las relaciones entre hombres y mujeres en sí, entre adolescentes, jóvenes y adultos, tanto fuera de los conceptos familiares como dentro de estos, mientras que el par Luna-Saturno estaría más relacionado con la madurez de la Mujer y el Hombre y su rol social dentro del ámbito familiar como padre y madre, y también, como no, como hijo e hija, ya que los roles paternos van unidos a los de hijos.

Por otra parte, Mercurio nos indica nuestra manera de procesar la información y expresarnos. Representa la forma que tenemos de relacionarnos con el exterior, pero también, con nosotros mismos, es decir, como se relacionan entre si los diferentes aspectos de nuestra personalidad, nuestras diferentes cualidades arquetípicas.

Por último, el entorno de la persona, en el cual trabajar un determinado aspecto de su vida, estaría representado por las casas. Las cuales representan el “dónde”, es decir, en qué ámbitos de la vida de la persona va a experimentar la energía del planeta que se encuentre en esa casa.

Las casas, como representación cíclica, representan el ciclo del día y la noche y la relación entre los astros y el punto concreto de la tierra en el que nacimos. Por analogía, esta representación cíclica,  se puede relacionar también con los diferentes ambientes en los que nos vamos a desenvolver a lo largo de nuestro desarrollo durante la experiencia de vida.